Santiago lleva 28 años sin poder controlar su epilepsia, lidiando con los efectos secundarios de distintos fármacos. En 2010 lo internan tres días buscando provocarle crisis – para localizar el punto de descarga – e intentar una cirugía de cerebro, pero tampoco es operable. En este momento Santiago decide probar algo que nadie mencionó: aceptar su cuerpo como es, con momentos “anormales”.